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¿Por qué tenemos qué ir a trabajar? Consideraciones sobre el capitalismo

09-May-2018

ENTREVISTA FICTICIA Por Xire Gal

Bolero en el Jardín Velasco, en La Paz. FOTO: Modesto Peralta Delgado.

Colaboración Especial

Por Xire Gal

 

Cabo San Lucas, Baja California Sur (BCS). Lo dijo atinadamente un amigo, para iniciar el día con pésimo humor, dos cosas: encender una computadora y sufrir la agonía de la espera en lo que se corre el sistema operativo, cuando lo menos que se tiene es tiempo para esperar; la otra, encender el automóvil sólo para escuchar un ruido que antes no hacía el motor. Bueno, eso sí bien va, puede que como me ocurrió, el desconsiderado auto ni siquiera arranque.

Hay que sumar que esto me ocurrió en fin de quincena, así que el taxi carísimo no es opción. Sólo quedaban dos opciones: caminar o el autobús, preferí la segunda. Quedaban pocos asientos, todos para compartir, elegí uno y me senté. Era inevitable que en mi rostro se notara la molestia. Mi compañero, al parecer un trabajador de hotel, que al igual que yo tenía cara de que su día no había iniciado bien, me saludó y, sin que lo esperará iniciamos una conversación que resultó ser bastante reveladora. Enseguida, intentaré reproducirla, procurando que sea lo más fiel posible.

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¿Para qué trabajar?

Xire Gal: ¿Qué caso tiene ir a trabajar? ¿Qué nos obliga a levantarnos e ir a hacer una actividad que está claro, por su cara y la mía, no queremos hacer?

Trabajador: Bueno, hay una primera respuesta, una que es casi una perogrullada. Si no trabajamos no comemos. Sin embargo, la respuesta se puede ampliar, llevándola a consideraciones digamos profundas. Quizá responder que se trabaja para comer es una respuesta que se ajusta a una clase social específica, la clase trabajadora u obrera, y todavía para esta clase resulta ser imprecisa, pues aunque sea para algo extra que no sea la comida nos alcanza el salario. Definitivamente la respuesta no aplica para la pequeña clase capitalista, ni para la clase marginal: los primeros bien pueden dejar de trabajar y lo que poseen les alcanza para vivir una, dos o más vidas de manera holgada; la segunda, no tienen siquiera la posibilidad de trabajar, y apenas sobreviven.

Hay un personaje que se hace obligadamente necesario citar al respecto de este tema, me refiero a Karl Marx, él, con respecto a lo que usted pregunta, dice: La fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital la vende a otro para asegurarse los medios de vida necesarios… El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de la vida; para él es más bien un sacrificio de su vida… Para él, la vida comienza allí dónde terminan estas actividades (las del trabajo), en la mesa de su casa, en el banco de la taberna, en la cama…”

Marx no habla de trabajar para comer, sino para vivir, es decir para poder tener acceso a cosas y actividades que nos brinden placer, felicidad si se quiere.

Xire Gal: Precisamente, mi pregunta la hice pensado en eso de lo que habla Marx. Hacer lo desagradable para recibir alguna gratificación, para vivir. Será cliché, pero la culpa es de la efectiva estructura del demonio llamada el capitalismo.

Trabajador: Sí, hay razón en lo que dice. Pero lo importante es intentar comprender cómo es que lo logra, ¿por qué trabajamos? Siguiendo con Marx, de nuevo lo cito: las relaciones de producción forman en conjunto lo que se llama las relaciones sociales, la sociedad. Si entiendo, el capitalismo ha hecho del trabajo la soldadura de la estructura social. Si es así, otra probable respuesta a sus preguntas es que aceptamos las obligaciones laborales porque de no hacerlo no seríamos parte de la sociedad.

Xire Gal: Exacto. Recuerdo que en el pueblo en el que nací y crecí una de las cosas que podían hacer que la comunidad te rechazara, era hacerte de la fama de flojo. Esto costaba ser víctima de burlas y miradas de desprecio.

Trabajador: Y pasa en todos lados. Mucho se habla de la idolatría al consumo. No dudo que hay verdad en esto, mas no dejo de plantearme la pregunta: ¿Trabajamos para consumir o consumimos para trabajar? Estoy tentado a sostener que consumimos para trabajar.

Trabajo-consumo; consumo-trabajo

Xire Gal: No entiendo, explíquese por favor.

Trabajador: Mire, Walter Benjamin analiza el capitalismo y lo comprende como una religión, una muy peculiar: Probablemente el capitalismo es el primer caso de culto no expiante, sino culpabilizante. Este sistema religioso se encuentra arrastrado por una corriente gigantesca. Una monumental consciencia de culpa que no sabe sacudirse la culpabilidad de encima, echa mano del culto no para reparar esa culpa, sino para hacerla universal, forzándola a entrar a la consciencia y, sobre todo, abarcar a Dios mismo en esa culpa para que se interese finalmente en la expiación.

Xire Gal: Sigo sin entender.

Trabajador: Me aproximo al punto, y me disculpo por la pedantería que se hace necesaria de seguir citando autores. Un sociólogo judío, Zygmunt Bauman, en uno de sus libros aborda la función del trabajo en las sociedades modernas. En este libro, siguiendo a otros autores, propone que una de las primeras estrategias del capitalismo, para hacer que los sujetos cumplan sus funciones laborales, fue atribuirle un carácter ético al trabajo, lo que llama la ética del trabajo. El propósito de esto lo resume en la siguiente frase: La imposición de la ética del trabajo implicaba la renuncia a la libertad. Aunque hay que decirlo, en los capítulos últimos, como tantos, pondera al consumismo como heredero de la ética del trabajo.

Xire Gal: Esto contradice su planteamiento. ¿No?

Trabajador: Sí. No discuto que efectivamente el consumo ha permeado nuestra sociedad, que ha hecho del fetichismo la norma. Pero lo que sostiene al ser consumista, sigue siendo el ser trabajador. Vuelvo brevemente a Benjamin, si el capitalismo es una religión, y no me atrevo a decir que no lo es, como toda religión depende de un fundamento ético. Y sólo el trabajo puede adquirir tal carácter. El mismo Bauman se expresa así: Los consumidores deben ser seguidos por intereses estéticos, no por normas éticas… Si la ética asignaba valor supremo al trabajo bien realizado, la estética premia las más intensas experiencias. El capitalismo sigue considerando al trabajo, lo necesita pues perderlo significa perder la estructura social misma. El consumo cumple una función de válvula reguladora de presión. Ayuda a soportar las presiones. Se me puede reprochar que el no poder comprar objetos trae consigo un malestar por sí mismo, pero la culpa no nace de la carencia del objeto, sino de la falta de un trabajo que dé para adquirirlo. Además, la vida en busca de ascetismo de los feligreses de la religión capitalista sólo pueden encontrarlo en el trabajo, no en el consumo.

La gratificación estética del consumo está permitida para el que primero ha padecido las penurias de la jornada laboral. Los que consumen sin primero sufrir son mal vistos; los holgazanes, los ociosos, los llamados ninis. Y no sólo en las sociedades capitalistas, lo mismo ocurre en los comunismos fallidos. En un discurso, Fidel Castro se expresa en los siguientes términos de ellos: Por ahí anda un espécimen, otro subproducto que nosotros debemos combatir. Es ese joven que tiene 16, 17, 15 años, y ni estudia, ni trabaja; entonces andan de lumpen, en esquinas, en bares, van a algunos teatros, y se toman algunas libertades y realizan algunos libertinajes. Un joven que ni trabaje, ni estudie, ¿qué piensa de la vida? ¿Piensa vivir de parásito? ¿Piensa vivir de vago? ¿Piensa vivir de los demás? Si quiere vivir aquí, no puede ser un vago. Aquí hay que trabajar…

Las razones para despreciar a estas personas son en apariencia distintas, para el capitalismo, porque no aportan al capital; para el comunismo, porque son un subproducto de la acumulación de capital. Sin embargo, insisto, el reclamo es el mismo: porque no trabajan.

Turismo en Cabo San Lucas; los que trabajan y los que descansan de trabajar. FOTO: Modesto Peralta Delgado.

El crédito

Xire Gal: Me empieza a quedar claro la perversa red de control.

Trabajador: Marx no se cansó de denunciarlo. Su trabajo fue una ardua labor en la que descubrió los mecanismos que operaban. Tampoco dejó de divulgar sus descubrimientos para que la clase obrera se hicieran consciente de la injusticia en la que vivían. Todo está conformado de tal manera que sea casi imposible salir de la dialéctica opresor-oprimido, la única salida es la revolución, nunca operando dentro del mismo sistema. Verbigracia, si le preguntara a usted ¿quisiera que su salario aumentara? seguramente dirá que sí. ¿Cierto? No por nada se ha vuelto una constante propuesta de los políticos en campaña.

Xire Gal: Es que es necesario, lo que se gana no alcanza para nada.

Trabajador: Tiene razón. Aunque esa no es la solución. El aumento del salario no es más que una ilusión. En palabras de Marxun aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general.

Xire Gal: Es decir, si yo gano más, el capitalista gana aún más. Pedir mayor salario es pedir que rico sea más rico.

Trabajador: Usted lo ha dicho. Ahora, a consecuencia de los avances actuales en tecnología el desarrollo social ha crecido a velocidad antes inimaginable, y con él las necesidades y exigencias. ¿Cómo hacer para no perder la ilusión en la que viven los trabajadores? Fácil, se crea el crédito. Éste permite que el trabajador tenga acceso a mercancías que de otra manera le serían negadas. Nuestra fuerza de trabajo, ahora se compra en valores virtuales. La virtualidad tiene el atributo de no tener límites precisos, haciendo que la ilusión se fortalezca. Hoy se puede adquirir una casa o un automóvil que antes ni en sueños.

No obstante, las matemáticas son las mismas. La virtualidad es siempre expansiva, en crecimiento infinito, pero nuestro infinito aunque sea paradójico es siempre menor que el infinito del capitalista. Otra vez Marx: Si el rápido incremento del capital, aumenta los ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismo social que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, el poder del capital sobre el trabajo, la dependencia de este con respecto al capital. Las maravillas del crédito, el abismo, ahora puedo asegurar, es improductivo cuantificarlo. Y lo que es más, debido a que el crédito es inagotable, la fuerza de trabajo que tiene su finitud con el fin de nuestra vida, tiene prohibido el descanso.

Xire Gal: En resumen, estoy condenado a trabajar más y más.

Sonrió con malicia y me pidió le permitiera pararse de su asiento y salir al pasillo que hay entre las filas de los asientos, por último dijo: siempre a sido así, el capitalismo sólo ha dado nuevos matices al trabajo, la historia de la humanidad es la historia de su fuerza de trabajo. Bajó del autobús. Por la ventanilla le vi irse a paso lento en dirección opuesta a la del transporte.

Nota para Mamá

Mamá, te amo. Sé que lo sabes, pero sé que te gusta que te lo diga (escriba). No podía desaprovechar este espacio para agradecerte por todo lo que eres. Quizá te sorprenderá saber que de entre todo, lo que más valoro es aquello que hace que nos peleemos constantemente: siempre quieres imponer tu verdad. No imaginas cuánto agradezco tu frase “Si digo que es verde, es verde”, ha fomentado en mi el pensamiento crítico, y si a mi madre no le permito que me diga qué y cómo pensar ¿a que otra figura de autoridad se lo permitiré? Mi cosha, gracias. Gracias, porque de muchas formas lo que escribo es una lucha contra ti, por lo que eres responsable de esto, y se puede decir que cada palabra la escribes conmigo.

Me has dado el regalo más bello posible.

De nuevo, te amo. No dejes de pedirle a tu Dios que me cuide.

FUENTES:

BAUMAN, Sygmun. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa Editorial.

BENJAMIN, Walter. Capitalismo como religión. (Descargado de: https://www.google.com.mx/url?sa=t&source=web&rct=j&url=https://lallamaediciones.files.wordpress.com/2015/01/capitalismo-como-religic3b3n-web1.pdf&ved=2ahUKEwilj6bWpfLaAhXL64MKHaRYBZ4QFjABegQIBxAB&usg=AOvVaw2oLrDwjpmLukhiEjg8mcOA).

MARX, Karl. Trabajo asalariado y capital. (Descargado de: https://www.google.com.mx/url?sa=t&source=web&rct=j&url=http://www.enxarxa.com/biblioteca/MARX%2520Trabajo%2520asalariado%2520y%2520capital.pdf&ved=2ahUKEwiHwLafpPLaAhVi44MKHQVzDtwQFjAAegQIAhAB&usg=AOvVaw0sRQXsdVcnVtTXrx3J5T07).

SHERIDAN, Guillermo. Fidel, los ninis y los elvispreslianos. Letras Libres (consultado en: http://www.letraslibres.com/mexico/politica/fidel-los-ninis-y-los-elvispreslianos)