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Las luces de San Telmo en tiempo de huracanes ¿realidad o mito?

14-Jun-2018

ARTÍCULO Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

La Paz tras el paso de Liza. FOTO: Archivo.

California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cada año, los huracanes presentan dos aspectos interesantes en Baja California Sur, por un lado el temor por los posibles daños que estos fenómenos podrían causar, pero por otro, también, la necesidad de los mismos para que se generen las lluvias que tanto necesita nuestro Estado.

Pero un tercer aspecto curioso que generan los huracanes y mal tiempo son las supersticiones. Muchas personas aseguran ver cosas extrañas durante ellos, e incluso se piensa que se puede desintegrarlos o desviarlos con rezos o ritos. Un ejemplo clásico son las misteriosas luces de San Telmo. El nombre de San Telmo viene del Santo Patrono de los marineros, es por eso que cuando venían esa extraña luz, aseguraban que era el santo que los advertía que la calamidad estaba cerca. Las famosas luces —dicen—se han dejado ver en el cielo sudcaliforniano desde aquel trágico ciclón Liza hasta el destructor huracán Odile.

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Aunque la ciencia ya ha explicado de manera acertada el fenómeno que se da durante las tormentas, y que afecta no sólo a barcos sino también aviones, en nuestra herencia popular tenemos la idea de que la famosa luz de San Telmo es un fuego que viene advertirnos de peligros, apareciendo en huracanes, tormentas eléctricas, etcétera.

El fuego de San Telmo —que no es fuego, es plasma— es uno de los fenómenos naturales eléctricos menos conocidos y con el que es difícil encontrarse. Jovi Esteve publicó en El País que “Tiene su origen en la electricidad estática de la atmósfera y podríamos definirlo como una descarga luminiscente o resplandor luminoso semejante a pequeñas chispas que saltan de los objetos metálicos y punzantes durante una tormenta intensa. Los objetos puntiagudos o buenos conductores de la electricidad empiezan a desprender pequeños chasquidos o llamaradas por la ionización del aire dentro del campo eléctrico que originan estas tormentas. El aire ionizado desprende esa luz entre azulada y violeta característica del fenómeno”.

Lo que se dice

Uno de los eventos catastróficos más impresionantes y lamentables en Baja California Sur, ocurrió el 30 de septiembre de 1976 —disponible para su consulta en el acervo de revistas del Archivo Histórico “Pablo L. Martinez” en La Paz—: el huracán Liza. Éste causó muchos daños materiales y más de mil 200 muertes en el Estado; sin duda, un doloroso recuerdo a pesar de que hayan pasado 40 años, pues sigue fresco en la memoria de las personas que lo presenciaron, y hasta nos causa  tristeza y melancolía a los que no vivimos ese evento, pero lo recordamos a través de fotografías y relatos que quedaron grabados en el alma de todos los sudcalifornianos.

Durante el ciclón Liza también se apreciaron estas señales y el testimonio de éste y otros fenómenos climatológicos anteriores lo encontramos en la revista Compas publicada el 30 de septiembre del 2001 —25 años después del hecho—.

La señora Manuelita Lizárraga —a quien le encantaba escuchar los relatos de los ancianos ya que de ellos se podría aprender mucho—, contó en dicha revista que en 1918, el 15 de septiembre, hubo un evento curioso en La Paz: desde el malecón se observaron nubarrones y unas culebras de agua, y las nubes absorbían muchos peces, los cuales al llegar la tromba a la ciudad —según los testigos—, dejó caer los peces en la orilla, lo cual fue un espectáculo impresionante.

Don Lorenzo Verdugo —un niño en esa época—, también relató que ese mismo día fue con su papá, mamá y hermanos a las Fiestas Patrias, pero al estar en el centro, su padre, quien era pescador, observó los vientos huracanados; los tomó de las mano y les dijo que esos vientos no le daban buena espina y se los llevo de ahí. Ellos vivían cerca de la calle Serdán, y cuando iban pasando por la Logia Masónica el viento era tan fuerte que apenas podían caminar para llegar a su hogar, una humilde casa de madera que se movía por las violentas ráfagas de viento: Fue ahí cuando la madre de los entonces chiquillos vio cerca de la torre de agua de un molino de viento cercano las famosas luces de San Telmo y grito aterrorizada “¡Ave María Purísima, es la Luz de San Telmo, habrá desgracia!” La luz era una bola de fuego circulante que se mecía en el aire de un lado para otro. La casa pequeña casa ubicada en Serdán y 16 de Septiembre —seg+un el testimonio guardado en dicho material— se estrujaba, y el arroyo de esa calle arrastró cardones, árboles, animales y muchas otras cosas. Todo esto era iluminado por la misteriosa luz.

Algunas personas  aseguran que es  posible ahuyentar esta luz con rezar o incluso quemando una rama de palma bendita en Domingo de Ramos, según una creencia popular.

El reconocido periodista Rogelio Olachea Arriola, en un interesante relato llamado Las trombas de La Paz nos cuenta cómo el mal tiempo era desviado por brujos o brujas para evitar desgracias.
En 1985 se cuenta cómo una enorme culebra de agua avanzaba por la calle obispado y unos gendarmes que vigilaban observaron que fue desviada por un conjuro de una persona hacia los cerros.

En 1918 muchos testigos se reunieron en el malecón para observar las culebras y cómo el señor Juvencio Vicario Ramírez realizó un exorcismo y las desvió; aunque fue ocasionado por los mismos vientos, sin duda, el espectacular evento se convirtió en todo un mito para esa época.

Pero más allá de la ficción, en el terrible ciclón de 1907 se observaron extrañas luces de colores muy atípicas, las cuales no quedaron sólo en la memoria de los testigos, sino los informes oficiales del Gobierno de ese mismo año.

Hoy en día con predicciones de modelos climáticos, la superstición queda de lado, pero nos dejó interesantes leyendas, y estos relatos quedan como advertencia de los peligros de los huracanes y no debemos olvidar tomar precauciones cada temporada para evitar, en la medida de lo posible, daños materiales y en vidas humanas.