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General Félix Ortega Aguiar, el héroe que no ha muerto

06-Dic-2018

ARTÍCULO Por Sealtiel Enciso Pérez

FOTOS: Internet.

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El 10 de diciembre de 1929 —es decir, este lunes se cumplirán exactamente 89 años—, dio su último suspiro el general Félix Ortega Aguilar en el rancho “Las playitas de la Concepción”. En ese preciso instante nació a la inmortalidad una de las figuras más importantes de la sudcaliforneidad y a la cual no se le ha dado el lugar que le corresponde; tal vez debido a la malsana venganza de los explotadores del pueblo que siguieron enquistados en los gobiernos posteriores, y que han soslayado los ideales y pundonor que sostuvieron su lucha armada, difundiendo los errores que se cometieron durante el tiempo que éste estuvo en campaña. Pero la verdad sale a la luz, así como el sol brilla detrás de las nubes.

Félix Ortega Aguilar nació en esta ciudad de La Paz el 1 de octubre de 1868. Estudió la carrera de Derecho y desempeñó diversos cargos al interior de la administración municipal. A partir del año de 1910 —y conforme se desarrollaban los hechos armados en el interior del país durante La Revolución Mexicana— sus sentimientos de simpatía por la causa armada fueron más fuertes y ayudó a la redacción del acta constitutiva de la Junta Revolucionaria Democrática de Baja California de la cual fue dirigente. Con el asesinato de Francisco I. Madero y la llegada del usurpador Victoriano Huerta a la Presidencia del país, Félix Ortega convoca a un grupo de gente leal a la causa revolucionaria a su rancho de “Las Playitas de la Concepción”, en donde lanzan el denominado Manifiesto de Las Playitas, fechado el 20 de julio de 1913, con el cual se declaran en rebeldía contra el gobierno ilegítimo y se lanzan a la lucha armada en nuestro Territorio.

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Durante 18 meses se mantienen combatiendo contra las tropas del Gobierno que los persiguen de manera insistente. Afortunadamente, los rebeldes que acompañan al general Ortega conocen muy bien la Sierra de la Laguna, de las Cacachilas y los ranchos en donde tenían gente simpatizante a su causa y que les ofrecen alimento, medicinas y curaciones durante todo este tiempo. Algunos de los hechos famosos suscitados fueron los combates en Todos Santos, así como el combate del 15 de mayo en La Ribera, en donde resultó muerto el cabo Leocadio Fierro, lo cual motivó el famoso corrido del Cabo Fierro. Para finales de 1914, y tras la huida de Victoriano Huerta del país, las fuerzas revolucionarios organizan la famosa Soberana Convención de Aguascalientes a la que acudió Félix Ortega en su calidad de General y Jefe de la fuerza rebelde del Distrito Sur de la Baja California. Al finalizar esta convención se le nombró Jefe Político y Militar del Distrito. Durante ese evento, se declara partidario y adicto a los ideales del también destacado insurgente Francisco Villa. Lo cual no fue visto con buenos ojos por la naciente corriente carrancista que ansiaba ocupar el poder absoluto del país.

Con su llegada al Distrito Sur, el General percibe las grandes inequidades que existían en la venta de productos alimenticios. Los voraces comerciantes, encabezados por la clase rica del puerto —que de paso, sirva decirse, apoyaron abiertamente al gobierno porfirista y huertista en contra de la Revolución—, encabezada por los señores Antonio Ruffo, Francisco de Asís González, Agustín Sanginés, Gastón Vives, Teófilo Uzcárraga, Agustín Arriola, Francisco J. Cabezud y Félix Moreno. Estas personas compraban en sus comercios a precios realmente irrisorios los productos que traían los agricultores y ganaderos, y los vendían a la población a precios onerosos. Es por ello que el general Ortega ordena a los municipios que de inmediato sean ellos quienes adquieran el ganado y mercancías que se produzcan en las comunidades, y que las compren a precios justos para venderlas de igual forma a la ciudadanía en general, a precios bajos. Crea un almacén en el poblado de San José del Cabo y en él compra y vende a precios bajos los productos de los rancheros del lugar hacia los ciudadanos de este sitio.

Otras de las acciones que realizó en su corto gobierno fue rebajar los sueldos de los funcionarios y prohibió la circulación de bonos y billetes emitidos por el gobierno anterior (bilimbiques) de Miguel L. Cornejo. En su lugar, se autorizaron los billetes de circulación nacional emitidos en Chihuahua, Durango, Sonora y Sinaloa. Fue el único gobernante que se impuso a los caprichos de la compañía El Boleo, la cual se resistía a aplicar las nuevas leyes en cuanto a mejoras en los sueldos y prestaciones de los trabajadores. Fue hasta Santa Rosalía y de manera enérgica conminó al administrador del lugar a que acatara las órdenes del gobierno. Ante esta actitud decidida por parte del general Ortega Aguilar, la compañía de El Boleo se tuvo que doblegar.

Lamentablemente, durante los seis meses que duró en su mandato, su gobierno fue objeto de intrigas y levantamientos armados promovidos por los ricos comerciantes  y la clase política que había sido desplazada con la llegada de los revolucionarios. El 29 de mayo de 1915, la mayor parte de los que integraban la Guarnición Militar de La Paz —la más grande—, se sublevaron bajo las órdenes del traidor Eduardo Burns. Afortunadamente, el General fue avisado a tiempo de este suceso y con la sospecha real de que sería hecho prisionero para posteriormente ser “pasado por las armas” decide huir del Distrito hacia el puerto de Guaymas, a través de Santa Rosalía. Mucho tuvo que ver en esta intrigas la influencia de Venustiano Carranza y su gente, los cuales al saber que el General era afín a Francisco Villa, buscaron la forma de quitarlo del Gobierno.

Una vez que quedó fuera del Gobierno, se descubrió al verdadero traidor detrás de estos hechos: fue  Miguel L. Cornejo. Este vengativo y cruel militar y comerciante, que ya había dado muestras de su carácter fiero al destruir las instalaciones de la Compañía Perlera de Gastón Vives Goureaux ubicadas en la isla Espíritu Santo, de inmediato nombró a su hermano Ignacio Cornejo como Jefe de la Oficina de Confiscación de Bienes, y se procedió a quitar todas las propiedades a la familia del general Ortega —su rancho Las Playitas de la Concepción y su ganado. Durante los siguientes años,  a través de sus abogados, realizó reclamos para que se le restituyeran sus bienes injustamente confiscados, pero sus enemigos tenían memoria y no tuvieron eco sus justas demandas.

Al final de sus días, Félix Ortega regresó a su rancho de Las Playitas en donde pasó sus últimos años, gozando del amor de su familia y de aquellos sudcalifornianos que recordaban con respeto y admiración al hombre que hizo grandes reformas en beneficio de las clases más humildes. Este gran guerrero muere el 10 de diciembre de 1929.

Este diciembre se cumplen 89 años de la muerte del hombre, del revolucionario que nos legó el presente que hoy tenemos. Sus ideales y su obra al frente de la administración estatal nos dieron muestras de la talla de hombre que era: sensible, apasionado, defensor de la gente humilde y firme creyente en los ideales de la Libertad y la Ley. Sus restos descansan en su amada tierra de Sudcalifornia, lo que es un firme y contundente llamado a sus hijos e hijas a perpetuar su legado y sobre todo a hacernos merecedores de compartir lo que él soñó para nosotros.

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