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La Animita de La Paz. El niño que dio la vida por su padre

13-Dic-2018

ARTÍCULO Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

FOTO: Internet.

California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

La Paz, Baja California Sur (BCS). José Lino de Jesús Manríquez Martínez nació en el pueblo de San Antonio, BCS, el 3 de septiembre de 1855, fue el tercer hijo del matrimonio del militar José Miguel Manríquez y doña Esperanza Martínez.

José Miguel participó en la lucha contra el filibustero Juan Napoleón Zerman, quien en 1855 tenía sitiada la ciudad de La Paz; apoyando al general Manuel Márquez de León y al frente de un pelotón de la guardia montad, Zerman hizo prisioneros a los tripulantes de los buques piratas Archibald Grace y Rebeca Adams y los condujo al puerto de Mazatlán, para su posterior envió a la Ciudad de México.

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Actos valientes como éstos le dieron gran reconocimiento a José Miguel Manríquez, sin embargo, todo cambió cuando ocurrieron revueltas en el territorio y el gobernador Antonio Pedrín fue derrocado por el general Pedro María Navarrete, quien realizó muchos atropellos en contra de la población y mandó aprehender a varios patriotas liberales, entre ellos al señor Manríquez; el 11 de noviembre de 1866, don José Miguel fue confinado a una pequeña e insalubre celda de castigo, resguardado por el cabo Crispín Sández.

Un día, José Lino de Jesús —de apenas 11 años— le llevaba hasta la celda los alimentos a su padre, cuando vio como el cabo Sández mandó azotar con sadismo a don José Miguel. Él pequeño pidió piedad para su padre, pero con crueldad y voz dura el tosco soldado respondió: Para que quieres piedad si es un bandido malhechor y esta tarde, a las cuatro en punto será pasado por las armas en el paredón de la Ciénega.  El niño al ver a su papá mal herido, le propuso un trato al soldado: ¿Me da su palabra de hombre y de soldado de respetar la vida de mi padre si yo me ofrezco para que me fusilen a mí?

El cabo Crispín sólo asintió con la cabeza para aceptar el trato y mandó amarrar con una reata al pobre niño, quien fue arrastrado por los choyales y matorrales del área; pero la crueldad no paro ahí, ya que obligaron a todos los prisioneros incluyendo al padre a presenciar el terrible suceso, y para terminar con la barbarie, a don José Miguel se le obligó a cavar la tumba del pequeño sin vida.

El 11 de noviembre de 1866 fue la fecha del heroico acto de José Lino, el lugar exacto de la sepultura se encuentra a pocos metros de donde se le ha edificado una pequeña capilla en un honor. Desde entonces muchos sudcalifornianos acuden con velas y ofrendas para pedir favores a la bondadosa alma del niño que dio la vida por su padre, y el cual muchos aseguran que ha concedido cientos de milagros.

Basado en “Mitos, leyendas y tradiciones sudcalifornianas”, de Leonardo Reyes silva (2005).

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