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El mito de las sirenas en la Antigua California

24-Ene-2019

ARTÍCULO Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

FOTO: Modesto Peralta Delgado / Interior: Internet

California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde el inicio de los tiempos, el mar alberga infinidad de seres míticos, incluyendo a uno de los personajes más conocidos del folclor y las leyendas: las sirenas. Los antiguos griegos creían en ellas, e incluso relatan en sus aventuras como Odiseo tuvo que enfrentarlas. Las sirenas son la típica criatura mitad humano y mitad pez; generalmente con intenciones de devorar a los marineros, engaña con su belleza y canto a los incrédulos para posteriormente comerlos.

En lugares con costas, las sirenas son un mito muy sólido; aún en mi niñez recuerdo que me decían que cuando fuera a la playa tuviera cuidado con el mar, porque era traicionero; decían también que tuviera precaución con las sirenas, ya que podrían arrastrarme hasta el fondo del océano. Quizá sólo lo mencionaban para causar temor en nosotros y evitar que fuéramos demasiados confiados, pero que utilizaran la imagen de la sirena era curioso.

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No es raro que para muchos el mar tenga un efecto hipnotizante, se cuenta que hay personas que se ahogaron, y cuyos testigos afirman haber observado a la victima caminar hacia el mar como sonámbula, tal vez sólo impresionada con la imponencia del océano, sin embargo, muchos aseguran que es el canto de las sirenas que atrae una nueva víctima.

Hoy en día existe un gran furor por la búsqueda de criaturas fantásticas, en especial las sirenas, seres que han sido objeto de múltiples estudios, algunos investigadores aseguran tener evidencia en grabaciones de sonido o vídeo, pero éstas no son contundentes. La tecnología nos juega malas bromas muchas veces, ya que cualquier imagen es alterable, es por eso que si queremos evidencia fiable tenemos que girar nuestra cabeza al pasado, es decir, a los antiguos testimonios, cuando no éramos tan fácilmente engañados por imágenes manipulables, y se trataba de exhaustivas investigaciones hechas por personas dedicadas a la exploración de nuevos mundos.

Jacques Cousteau denominó acertadamente al Mar de Cortés como el “Acuario del mundo”, debido a que contiene el 40% de las especies de todo el planeta, además de muchas otras endémicas de la región; por lo que no es extraño que si se quiera iniciar una búsqueda de criaturas marinas fantásticas como las sirenas, el punto de partida sean los mares sudcalifornianos.

Quizá el primer avistamiento fue el reportado por Grijalva, el explorador español quien, aproximadamente en el año de 1555, en su viaje por la península de California, describió a un “hombre marino”: se regocijaba de la misma manera que un mono, zambulléndose y bañándose con las manos, y mirando a la gente como si no tuviera sentido.

Todo esto se encuentra escrito en libros que hablan sobre las primeras exploraciones de Hernán Cortés a las tierras de la Baja California, cabe destacar que también se menciona que en el viaje de vuelta volvieron a ver a este “hombre marino”.

Otro caso de avistamiento es el de la “mujer pez”, curioso espécimen hallado en la antigua Bahía de Palmas, en el año de 1764, por el padre jesuita Ignacio Tirsh, quien fuera un curioso observador de la naturaleza y las criaturas de Baja California; es importante señalar que los dibujos e ilustraciones del misionero son muy valorados y actualmente se encuentran en un museo en Checoslovaquia.

El padre Victoriano Arnés también contribuyó al mito, al realizar una descripción basándose en el hallazgo de un espécimen seco; la descripción que transcribe Miguel del Barco, en el libro Historia natural y crónica de la Antigua California, es la siguiente:

El Pez Mulier (mujer) tenía la figura de una mujer de medio cuerpo para arriba; y de pescado común de medio cuerpo para abajo. Como lo hallamos seco y aplastado como un bacalao, no se pudo hacer mucha anatomía. No obstante, parecía tener una cara, cuello, hombros y pecho blanco como si llevara una costilla, y tuviera descubierto los pechos; aunque no recuerdo si se distinguían pezones. Lo demás estaba cubierto de escamas, y remataba en cola como otros peces. Su grandor seria de dos palmos, y de a proporción de ancho, a semejanza de un bacalao no se descubrían brazos ni cabellos. Lo hallamos en la playa en el diámetro opuesto a mi misión de Santa María, en el mar del Sur, en una ensenada que se forma al fin del arroyo llamado Cataviña.

Estos son solo algunos ejemplos, pero la importancia radica en que no se trataba de testigos “comunes”, siendo Grijalva un explorador experimentado con muchos viajes en su historial, y padre Ignacio Tirsh un observador de la naturaleza, son testigos muy fiables, ya que muy difícilmente se confundirían o imaginarían a un ser con tan extrañas características.

Tal como sabemos el mar es inmenso, no hemos explorado ni el 10% del fondo marino, por lo que no es de extrañarse que cada día encontremos nuevas especies, increíbles y casi míticas, todo esto alimenta nuestra imaginación y curiosidad.

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