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Derrumban la casa más embrujada de La Paz. El inicio una leyenda urbana

14-May-2018

ARTÍCULO Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Toda ciudad tiene sus lugares y casas embrujadas, por ejemplo la Isla de las Muñecas en la Ciudad de México. En los años 50’s, una joven murió ahogada entre los lirios del canal de Xochimilco, cerca de una chinampa propiedad de Julian Santana Barrera. Al poco tiempo don Julián comenzó a experimentar eventos sobrenaturales , y para alejar a los malos espíritus tuvo la ocurrencia de colgar muñecas alrededor de la isla. Al principio, esas tétricas figuras las encontraba en los basureros o entre los canales, y poco a poco la isla se fue volviendo más famosa permitiendo este señor que los turistas la visitaran; como agradecimiento muchos le regalaron más muñecas y la colección fue creciendo. En el 2001, don Julián murió ahogado —igual que la mujer que medio siglo atrás falleció en el mismo lugar y que lo hizo comenzar a recolectar muñecas. Ahora, esta isla posee una vibra muy peculiar y es una de las mayores atracciones turísticas de los canales de Xochimilco.

En Guadalajara se cuenta con el Museo Panteón de Belén, el cual no sólo cuenta con una hermosa arquitectura, sino que se dan recorridos contando leyendas del lugar incluyendo la tumba de un vampiro y la de un niño que le tenía miedo a la oscuridad y que incluso le hicieron una tumba especial abierta para que pudiera descansar en paz.

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En la ciudad de La Paz la conocida casa maldita o la casa tapiada siempre provoco escalofríos a los paceños. Ahora, reducida a escombros seguro su leyenda crecerá, ya que nunca se pudo realizar una investigación profunda a las apariciones, debido a que los dueños mantenían hermetismo respecto al tema; aunque la desgracia de la muerte de la señora Helena Talamantes fue real, los hechos posteriores —como las apariciones y sucesos inexplicables—, confabulan una nueva leyenda urbana.

Las versiones son distintas, ya que mientras algunos vecinos mencionaban que nunca les había pasado nada, otros aseguraban haber sido testigos de apariciones o cosas inexplicables. Como toda leyenda fue creciendo más allá, incluso se llegó a mencionar que la casa se regalaba a quien pudiera vivir en ella sin salir espantado, cosa que era totalmente falso.

Grupos locales de investigación como ESS (Exploración de Sucesos Sobrenaturales) acudieron por años intentado obtener acceso al lugar que les fue negado, pero a través de investigación documental y de campo, se logró recabar las versiones de la leyenda más conocidas:

Hace muchos años, entre 1940 y 1970, existió una casa como cualquier otra en sus tiempos, “construida sobre cimientos de piedra, con muros de ladrillos pesados de color rojizo unidos con la mezcla de arena y cal, que a su vez sostenían un techo de cemento y palma. Las ventanas eran grandes, y las puertas estaban hechas de gruesa madera. Esta casa tenia dos amplios cuartos y dos más pequeños. Afuera había un viejo molino de viento y un pozo de agua, por lo cual se construyó una pila para el almacenamiento del vital líquido que serviría para el riego de las plantas y árboles de la huerta (Fuente: registro público. 373- foja 381 vol. 80 sección primera) En este lugar vivió una pareja, que como todas, iniciaba una vida llena de esperanza y de planes para el futuro. Trabajaban, arreglaban su casa, sembraban, cuidaban los árboles de la huerta y más tarde tuvieron a sus hijos para formar a su familia. Desgraciadamente ahí ocurrió una tragedia, la cual provocaría el abandono del lugar. La leyenda de la casa de la Allende nacería a partir de esa tragedia, que a diferencia de muchas otras ocurridas en aquel entonces, involucra historias de la gente y supuestos eventos sobrenaturales.

En la primera versión, se dice que en esta casa habitaba una joven pareja que iniciaba una vida normal de matrimonio, la mujer después de poco tiempo resulto estar embarazada. La felicidad para la pareja estaba por ser premiada tras la llegada de su hijo, sin embargo un día, el hombre de ocupación militar, tuvo que partir por órdenes superiores al centro del país. El tiempo transcurrió y éste jamás regreso. Los motivos eran desconocidos. Tal vez había muerto en la guerra, o posiblemente se unió a otra mujer. La desdichada esposa ya abandonada perdió la razón y decidió quitarse la vida ahorcándose en su casa.

En otra versión se dice que en la casa de la Allende habitaba una anciana en compañía de sus nietos. Según la historia relata que los ambiciosos nietos en desesperado deseo de obtener los derechos de la propiedad y de los bienes materiales, pasaban el tiempo atormentando a la pobre señora, esperando que un día ella muriera por causas naturales, sin embargo la impaciencia era tal que los malvados nietos planearon asesinarla de forma que su muerte aparentara un suicidio. El asesinato fue tan terrible que el fantasma de la mujer aparece a aquellos que invaden el lugar. Incluso en otros relatos se habla de un grupo de hermanos que por causas que involucraban grandes sumas de dinero, odio, envidia y avaricia, acabaron por matarse los unos a los otros. En los anteriores relatos es fácil notar la enorme diferencia entre cada una de las versiones de la leyenda narrada por las personas. Respecto a esto, es muy difícil determinar cual de todas se acerca más a lo que en realidad sucedió, no obstante, existe un aspecto que todas éstas comparten entre sí.

El 4 de marzo del 2005, en una tarde fría y bajo un cielo nublado, se reúnen los integrantes del grupo de investigación del ESS con la intención de dar el primer paso que iniciaría la complicada investigación histórica sobre la casa en ruinas, ubicada entre las calles Allende y Guillermo Prieto. Una casa, conocida por muchos y temida por la leyenda que en ella existe. En el primer día de investigación de campo, el grupo ESS mantiene su primera entrevista con un vecino cercano a la casa bajo observación. El nombre del entrevistado es Erick de 21 años de edad, qien accedió rápidamente a compartir lo que sabía al respecto.

Erick nos cuenta que la casa de la esquina yace abandonada desde hace más tiempo del que el habita en el lugar. En sus palabras relata “conozco la verdadera historia de la casa, ahí vivió una mujer embarazada, que tras ser abandonada por su esposo militar, decidió quitarse la vida. La gente dice que ahí espantan y que nadie se atreve a habitar la casa pero yo jamás he visto nada ahí, ni desde niño, cuando solía entrar a jugar con mis amigos tampoco vi nada extraño.” Tras averiguar que los actuales propietarios del terreno vivían a un costado del lugar, se decide inmediatamente contactar a los dueños, desafortunadamente el intento fue fallido. El día 8 de marzo, gracias a la información recibida por parte de Ricardo Campos, el grupo ESS logró contactar a Silvia Chiw, hija del actual propietario del terreno baldío.

Silvia Chiw respondió amistosamente a nuestras preguntas diciendo que ella sabía muy poco sobre la historia y la leyenda de la casa. Dijo que su padre no regalaría a nadie el terreno por sólo quedarse un par de noches, remarcó lo anterior diciendo que eso era algo ridículo que la gente absurda ha inventado. Sobre el tema relacionado a fantasmas mantiene una mente abierta, sin embargo afirma que jamás en su vida ha visto nada raro en esa casa. El mismo día, se logra tener una entrevista con el padre de Silvia. El señor Gerardo Chiw Felipe de León, quien confirmó que él no regalaría el terreno a nadie, he igualmente que su hija, jamás ha experimentado nada sobrenatural en esa casa, incluso en las noches en que dormía ahí, descanso con suma comodidad y sin temor a fantasmas.

El 11 de marzo se entrevista a el señor Celso Meza de 60 años de edad aproximadamente. El señor Meza dice que la tragedia ocurrida en la casa de la esquina, había sucedido cuando el aun vivía en la playa, y por tal razón desconocía todo acerca de esa familia y de la mujer que ahí murió. No pudiendo aportar más sobre datos históricos, él dijo no creer en fantasmas ya que, desde hace más de 25 años que habita cerca de ahí, jamás ha visto nada. “Son puras mentiras de la gente, yo he pasado por ahí a altas horas de la noche y nunca he visto ningún fantasma”.

Minutos más tarde se logró tener la entrevista con la señora Lupita Olachea, de entre 60 y 70 años. Ella relata en sus propias palabras, “a la gente le encanta inventar tonterías, dicen que ahí espantan y que te regalan la casa, pero son puras mentiras. Yo he vivido aquí frente a la casa toda mi vida y nunca en ningún momento en visto nada raro”. Dijo haber conocido a la familia que vivió en esa casa, incluso dice haber conocido, aunque sólo de vista, a la primera familia que habito el lugar, es decir, la familia de la mujer que ahí se quitó la vida. Desafortunadamente ella dijo no recordar el nombre de la mujer y mucho menos su apellido. Sólo menciono que su esposo se llamaba Enrique, era conocido como “el Soplado” y trabajaba en La Perla de la Paz.

El 14 de marzo se realizó una entrevista vía telefónica con la señora Manuelita Lizárraga, quien dijo saber todo sobre la historia de la mujer ahorcada en la casa de la Allende. Ella dice ser una testigo de la tragedia ocurrida por 1930, cuando apenas era una niña de 5 años. En sus palabras procedió a relatar su experiencias: “un día, cuando jugábamos a las escondidillas, mi prima mayor y yo corrimos a la huerta de el señor Enrique, pensábamos que era un buen lugar donde nadie nos encontraría, en un momento cuando nos agachamos entre los matorrales bajo unos árboles más grandes, vimos una sombra en suelo como un bulto colgando, fue cuando volvimos la cabeza hacia arriba y ahí estaba la esposa de Enrique, colgando del mecate con una expresión espantosa en el rostro. Salimos corriendo a decirle a mi padre, pero al creer que hacíamos bromas de mal gusto, nos dio una buena tunda. Sin embargo el hecho fue real y la muchedumbre se reunió en la casa de Enrique para atestiguar la tragedia.” La señora Lizárraga accedió a dar el nombre de la mujer pero pidió no fuera exhibido al público por respuesta a los hijos que aún viven en la ciudad. Ella nos que la tragedia sorprendió a todos, ya que la mujer se mostraba muy feliz de la vida y decía en sus palabra “soy tan feliz aquí que jamás pienso irme” y supuestamente esa es la causa de que su fantasma se aparece en el lugar.

Investigación histórica

El 9 de marzo del 2005 se inició la investigación histórica documentada. Para esto, hemos acudido a las instalaciones del Ayuntamiento de La Paz, primero en las oficinas de ASsentamientos Humanos, y finalmente en Catastro. El licenciado Ramiro Avilés nos brindó, con suma atención, la primera información requerida para proseguir con el trabajo de investigación. Después de haber verificado la ubicación exacta de la propiedad de la familia Chiw en un mapa actual de la ciudad, hemos constatado que la casa en ruinas se encuentra en la manzana 37, entre las calles I. Allende y G. Prieto.

Una vez obtenida la clave catastral nos dirigimos a las oficinas de Registro Público, para la búsqueda del dichoso libro que revelaría la verdadera historia de la casa de la Allende. Tras el análisis de muy viejas escrituras plasmadas por la mano del ya fallecido notario público Armando Aguilar, descubrimos que “la casa” fue propiedad de la señora María Dora Bensemman Gutiérrez, quien debido a la ley de “juicio sucesorio”, recibió los derechos de la propiedad, antes perteneciente a su hermana Albertina Bensemmann fallecida el 13 de octubre de 1971. En 1974, la señora decide vender la propiedad al señor Gerardo Felipe de León Chiw, quien hasta hoy en día, conserva el lugar, aunque casi totalmente destruido.

Según los datos contenidos en los documentos, la superficie del terreno mide 51516.72 metros cuadrados. La información obtenida de dichos documentos aporta hasta el momento importantes pistas, sin embargo, no existen datos que comprueben quienes fueron los primeros propietarios de “la casa” antes de pasar a manos de la familia Bensemman. El 11 de marzo del 2005, el mismo día en que se mantuvieron las entrevistas con el señor Celso y la testigo Lupita Olachea, se procedió nuevamente a la búsqueda de pruebas sobre el caso. Primeramente se acudió a el Archivo Histórico, sin haberse encontrado buena orientación, por lo cual, fuimos al Ministerio Público donde se solicitó información sobre suicidios cometidos cerca de 1960, sin embargo, ningún dato pudo ser encontrado, ya que sólo cuenta con registro de los crímenes cometidos a partir de 1980.

De vuelta al Archivo Histórico, desafortunadamente no fue posible encontrar ninguna pista sobre el caso de “la mujer ahorcada” ya que era estrictamente necesario tener el nombre o apellido de la mujer que cometió el suicidio. Aun así, por nuestra insistencia, se permitió el análisis general de documentos que contenían en sus páginas los crímenes cometidos entre 1950 y 1970: aquí se encuentra el registro de docenas de robos a mano armada, agresiones, homicidios con suma violencia, violaciones, incesto y muchos otros crímenes horribles cometidos en nuestro municipio, sin embargo, ni un solo suicidio está registrado. Esto podría hacernos pensar que la supuesta fecha de la tragedia en la casa en cuestión, no es correcta, o posiblemente se trata de un suicidio registrado más bien como homicidio. Hasta el momento no se encuentra ninguna pista sobre el nombre y apellido de la mujer, lo que dificulta el desenvolvimiento de la investigación y para esto será requerido que realicen nuevas entrevistas y muy posiblemente una visita a la hemeroteca del Archivo Histórico para llevar a cabo la búsqueda de información en antiguos periódicos del estado de antes de 1970.

El siguiente paso en la investigación fue regresar nuevamente a los archivos de Catastro para un análisis más minucioso de los documentos redactados por el notario Armando Aguilar, los cuales se encuentran parcialmente dañados por el paso del tiempo y por manchas de humedad . El día lunes 14 de marzo a las 11:00 horas, se procedió a realizar una nueva visita a las oficinas de catastro, con el fin de verificar más exhaustivamente los escritos contenidos en el libro histórico de la propiedad localizada en la manzana número 37. Tras el análisis del texto se averiguo que el primer testimonio de la escritura de la casa se está actualmente en el libro volumen 217 con clave 101987, pero encontrándose en los archivos de la Notaría del Estado, lo cual es estrictamente prohibido al público en general. Las únicas personas con acceso a tales archivos serian entones los más cercanos parientes de antiguos dueños. Esto fija un muy difícil obstáculo para el desarrollo de la investigación histórica de la casa, es por eso que se requerirá buscar otra posible pista que pueda guiar nos a las verdaderas pruebas sobre el caso del suicidio y el nombre de la mujer que lo protagonizó.

Entre otros datos obtenidos de los documentos de las oficinas de Catastro se a encontrado una descripción de la casa realizada cuando la familia Bensemman vendió los derechos de propiedad al señor Gerardo Chiw Felipe de León en 1971. El área de la superficie del terreno media 1,258 metroscuadrados y el valor estimado era de 205, 557.50 pesos. La casa constaba de dos cuartos grandes y dos chicos. Los cimientos eran de piedra y las paredes eran de ladrillo rojo pesado unido con una mezcla de cal y arena. El techo era de cemento y palma. Las ventanas casi sobre la calle eran grandes y las puertas de la casa estaban hechas de madera muy gruesa. Había un molino de viento y un pozo de agua además de una pila de almacenamiento para el agua y un borde de piedra labrada de un metro de alto y 40 cm de ancho El nombre de la propietaria, quien obtuvo los derechos de la propiedad por juicio de adjudicación en 1971, era María Dora Bensemman, hermana de Albertina Bensemman, quien murió el año de 1966. Los hijos de Albertina son Carlos Alberto y Alexandra Agustín Bensemman Gutiérrez. Además aparece en los escritos el nombre de la cuñada Fidencia Gutiérrez viuda de Bensemman.

Aquí termina la investigación realizada por el grupo ESS, reconocido por ser uno de los pioneros en en investigación paranormal en el estado. Ya han pasado más de 13 años de esta investigación y la leyenda parece mantenerse intacta, aunque ellos no encontraron registro de la muerte de la señora Helena Talamantes, investigaciones posteriores revelaron que esta sí se encontraba registrada en el Archivo Histórico “Pablo L. Martínez“. Y aunque la construcción desaparezca la leyenda seguirá siendo parte de nuestras conversaciones cuando se hable de apariciones y espectros en La Paz, solo queda esperar, si el nuevo sitio que se construirá en el lugar de la casa tapia continuará con la supuesta maldición.