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Confesiones de una almeja que decidió ¡cambiar de sexo!

12-Jun-2018

ARTÍCULO FICCIONAL Por Marián Camacho

FOTOS: Internet.

SudcaliCiencia

Por Marián Camacho

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Como la mayoría de las almejas, yo nací de la unión del óvulo de una almeja hembra y el espermatozoide de una almeja macho. Desde ese momento, me convertí en una larva nadadora que formó parte de ese maravilloso grupo de seres vivos, que habitan en la columna de agua marina, llamado plancton.

Nadé durante unos cuantos días, con ayuda de unos pequeños ‘pelos’ llamados cilios, observando todo cuánto pasaba a mi alrededor: la luz que entraba nítida desde la superficie; otras larvas de formas curiosas que se acercaban a mí preguntándose en qué clase de animal me convertiría; grandes peces que intentaban comerme (lo sé, me veía deliciosa); y un sinfín de otros organismos tratando de sobrevivir.

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Sin embargo, un buen día observé el fondo del océano con una curiosidad que nunca había sentido. Se veía como un excelente lugar para vivir, sobre todo mucho más seguro que la columna de agua. Fue entonces que lo decidí. Nadé hasta encontrar un poco de arena que parecía muy cómoda y comencé a escarbar con mi recién formado pie. Me enterré lo suficiente para esconder mi conchita, pero dejando mis sifones afuera de la arena para poder comer y respirar de la rica variedad de nutrientes de la Laguna de La Paz, mi nuevo hogar.

Así pasaron los meses, y las estaciones. Los veranos haciendo elevar la temperatura del agua hasta casi 30 °C, y los inviernos haciéndola descender hasta los 20 °C. Todo sucedía con normalidad. Mi concha comenzó a crecer y a desarrollar unas nuevas espinas. Mi músculo aductor o “callo”, que utilizo para abrir y cerrar mi concha, se volvió bastante grande y fuerte. Mis células sexuales se desarrollaron, y me convertí en una saludable almeja macho. A los miembros de mi especie nos conocen comúnmente como hachas chinas y somos muy codiciados por nuestros callos. Al parecer sabemos deliciosas en agua chile y empanizadas. Estuve consiente de eso desde que era una larva, ¿recuerdan?

Pero un día… Esperen, las buenas historias comienzan siempre con un “pero”, ¿lo habían notado?”. Bueno, como iba diciendo, un día, así sin más, algo comenzó a suceder. En mi gónada, es decir, mi aparato reproductor, comenzaron a crecer células femeninas. Sí, así como lo leen. Siendo una almeja macho que produce espermatozoides, comencé a desarrollar ovocitos. Y tengo una foto que lo comprueba, ¿quieren verla? Pero esperen, ALTO aquí para los que sean susceptibles a imágenes impactantes como la que verán a continuación. No nos hacemos responsables de sus reacciones al respecto.

MICROFOTOGRAFÍA: Marián Camacho.

Así fue como comenzó mi transformación. Al principio, pensé que yo era la única “hacha” que estaba pasando por esta situación, y temía preguntarles a las demás al respecto. Sin embargo, un día que estaba leyendo mi periódico favorito Almeja News me enteré de que unos biólogos marinos habían descubierto y publicado que, el hermafroditismo protándrico (o sea cambiar de macho a hembra), es un proceso que sucede en los individuos de mi especie. Estos científicos hicieron un estudio completo de este hallazgo y muestran microfotografías (fotos tomadas con microscopio) de todo el proceso, desde que comienzan a aparecer los gametos femeninos hasta que prácticamente la gónada está repleta de ellos.

MICROFOTOGRAFÍA: Marián Camacho.

Cuando terminé de leer el artículo de los biólogos marinos, me enteré de que el cambio de sexo de macho a hembra, en mi especie (que por cierto el nombre científico es Atrina maura, mucho gusto), sucede principalmente cuando alcanzamos cierta talla, aproximadamente 19 cm de longitud de concha. También aprendí que esto podría deberse a que, dado que se necesita menos energía para producir espermatozoides que ovocitos, a los miembros de mi especie nos “conviene” (energéticamente hablando) ser primero machos y destinar mayor energía al crecimiento. De tal forma que, al alcanzar cierta talla, es más conveniente que se dé el cambio de sexo.

En fin, es reconfortante saber que existen respuestas para lo que sucede a mi alrededor, y cómo yo soy una almeja muy preguntona, decidí escribirle a una de las autoras de ese artículo científico para que me aclara algunos otros puntos. La contacté por Facebook y me dijo que podía compartir su contacto con ustedes por si quieren conocer más de su trabajo acerca de la biología reproductiva de otras almejas, peces y pulpos. Ella es la doctora Marian Camacho y estará contenta de recibir sus mensajes y solicitudes de amistad, dando click aquí.

Bueno, yo me despido por hoy, porque tengo otros asuntos que atender aquí con unos nuevos vecinos incómodos que están llegando a establecerse en la laguna de La Paz, pero esa es otra historia que luego les platico. Muchas gracias por leer estas confesiones. Adiós.