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AMLO y el paraíso perdido

08-Jun-2018

OPINIÓN Por Roberto E. Galindo Domínguez

FOTO: AP.

Colaboración Especial

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) arriba del 50% de las preferencias electorales (Reforma, El Financiero y Parametría) y con una tendencia a la alza, —incluso con hasta 30 puntos porcentuales de diferencia con el segundo lugar y a poco más de 20 días de la elección—, la mayoría de los periodistas más críticos de AMLO y los intelectuales más proclives al régimen actual de intercambio de sexenios prianistas han moderado sus críticas.

Ante la improbable victoria legal de algún otro candidato –la ilegalidad de un fraude no deja de rondarnos– varios de ellos han dirigido sus opiniones a plantear los escenarios más desfavorables del posible Gobierno federal encabezado por López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

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De estos escenarios de desesperanza y desencanto social por los probables —que no seguros—, planteamientos incumplidos de AMLO para con el pueblo que lo ha respaldado, me llama la atención la opinión de León Krauze en El Universal (La magia de López Obrador), quien plantea el casi incumplimiento total de todos los planteamientos que Morena le ha hecho a sus seguidores y a los que no lo son. Krauze se pregunta “¿qué pasará cuando Obrador decepcione a la sociedad por las promesas incumplidas y no les entregue el paraíso que les prometió?”

Veamos qué pasó con la gran decepción que nos propinó Vicente Fox, quien sólo tardó 15 minutos, después de tomar protesta como Presidente de la Nación, en incumplir su primer promesa. Qué pasó con la decepción que nos causó a la mayor parte de la sociedad la errónea y mortal  administración de Felipe Calderón. Pues lo que pasó es que el Partido Acción Nacional (PAN) fue perdiendo popularidad, hasta ponerle en bandeja de plata el país al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que sólo regresó al poder para regir uno de los sexenios que más agravios económicos y criminales ha propinado a la sociedad mexicana. Ya habrá quien le cuente a Enrique Peña Nieto sus felices cuentas, las de lo bueno cuenta mucho, que hoy no salvan del naufragio a su partido.

Las dos últimas administraciones federales prianistas no sólo fueron decepcionantes en muchos sentidos, sino que pasarán a la historia como sexenios en los que la corrupción de la clase política creció tanto, como los grupos criminales que ocuparon los espacios de gobierno en muchas regiones del país. Serán recordados los mandatos de Calderón y Peña como aquellos en los que el Gobierno mexicano se desdibujó ante el poder de la criminalidad, que se erigió poderosa por la ineficacia y ausencia del Estado en todos los órdenes de gobierno. Serán posiblemente los más celebres mandatos sangrientos regidos por políticas de seguridad y económicas tan decepcionantes, que no corrigieron el rumbo del país, en cambio, lo enredaron en una espiral de violencia y en tantos entuertos económicos, que la sociedad, la de la clase media y hacia para abajo ha sido muy afectada.

Como consecuencia de esas amargas decepciones, hoy la mayor parte de los mexicanos aborrece a los prianistas y están dispuestos a llevar a la Presidencia de la República a López Obrador –el voto antisistema es hoy superior al voto anti-AMLO–. ¿Y qué es lo que pasó con tan decepcionantes administraciones?, pues que muchos, la mayoría de esos millones de votantes –no militantes– que apoyaron al PRI y al PAN en su momento, hoy los han abandonado y han engrosado los porcentajes de Morena.

Al final del día eso es la democracia: elegir a unos y luego quitarlos si resultan más incompetentes de lo previsto, para poner a otros y examinarlos en funciones. Y eso es lo que yo espero que suceda, que se vayan del gobierno federal los prianistas, que llegue Morena con Obrador; que trabajen para nosotros, que deberemos vigilarlos y reclamarles sus fallos y sus “promesas” rotas, ya que sólo un niño se cree el cuento del paraíso, ese ya se perdió hace mucho. Y si AMLO nos falla, como los otros, lo bateamos.