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La realidad es un balde de agua fría. ‘Los Cuentos breves’ de Gabriel Rovira

02-Ene-2019

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Cortesía

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Es un cliché decir que la realidad supera la ficción. Esa frase está provista la mayor parte de las veces de la brusquedad con que nos enfrentamos a los hechos a pesar de nuestros intentos de sabotearlos y con ello hallar acomodo en alguna fantasía mental que nos haga evadirnos de esa realidad. La Literatura está colmada de eso, abreva a través de sus creadores elementos de la vida cotidiana tratando de reflejar en ella algo de lo que han experimentado, vivenciado y sufrido a través de los años.

La Literatura que se escribe hoy en día ha adquirido distintas convenciones, donde prevalece lo comercial y se va dejando de lado la coyuntura estética en aras de que los libros se vuelvan objetos masivos aunque carezcan de calidad. Muchos de ellos son sólo fórmulas bien estructuradas que enganchan a públicos que no están interesados en las formas del pensamiento ni en los cuestionamientos de la realidad, y que son presentados como “literatura”, pero que son de “superación personal” o historias que no tienen otro sentido que entretener sin provocar escozor intelectual. Otro componente es la Literatura que tiene fuerte tendencia a ser breve, síntoma sin duda de la premura y velocidad con que se viven en las ciudades, pero aún con la idea de una narrativa que explora distintos ángulos de la condición humana, como sucede en Cuentos breves, de Gabriel Rovira.

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Gabriel Rovira es uno de los escritores más completos de Baja California Sur: autor de varios libros de poesía, narrativa y ensayo, es maestro de generaciones de estudiantes de Literatura y con ello incluso, por añadidura, formador de narradores, ensayistas y poetas desde las aulas de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS). He tenido la oportunidad de entrevistarlo en más de una ocasión y es sin dudas un gran conversador, con una amplia gama de temas que nos muestran la pasión con que vive la Literatura, tal como sucede en su obra.

Su más reciente libro, Cuentos breves, es un repaso instantáneo por la vida diaria, donde podemos ver lo que la realidad hace en unos personajes, no obstante que a nosotros nos deja la certidumbre de que la realidad tiene muchos ángulos y que la ficción sólo es un pretexto para hablar de lo que no conocemos de ella. Seis relatos breves que tienen como centro de reunión esa realidad, una manera juguetona e irónica de abordar inquietudes y dudas, pero también certezas, aunque éstas se parezcan demasiado al caos.

Por ejemplo, en el cuento El mago, la magia y la realidad conviven como dos opuestos en una fusión perfecta, sin embargo, la realidad termina imponiéndose: un mago intenta hacer que una taza levite con el sólo poder de su mirada, acto que termina logrando, pero la voz de su mujer hace que la taza se precipite en su ascenso. El mago repite el experimento con el deseo de que la taza vuelva a elevarse, pero la voz de la esposa otra vez lo regresa abruptamente a su condición cotidiana y terrenal.

En Anillo, su cuento más enigmático y simbólico, está la historia de un hombre que sueña que una serpiente de fuego ataca a su mujer y que despierta y le cuenta lo que soñó, y esta le dice que soñó lo mismo y le muestra las quemaduras, y luego despierta a su mujer que le contaba que una serpiente la atacaba y quemaba su cuerpo, es decir, un sueño sobre otro sueño hasta que la realidad se impone. La serpiente siempre ha sido símbolo de maldad y sabiduría, pero también de deseos sexuales reprimidos; por otro lado, el fuego es purificación y cambio. A eso hay que agregarle el horror de estar atrapado en un sueño, donde no se distingue entre lo que es real y lo que es onírico. Al final la realidad es más fuerte incluso que una pesadilla.

En Mielecita, un marido agradece a un joven el que su mujer haya cambiado debido a él, y lo amenaza con matarlo si la deja, pero que, eso sí, no le sea infiel y que nunca quede mal con ella. En la tercia restante de cuentos: Agenda, Sed y Un hombre de costumbres, la conjunción de ingredientes de la realidad se hace evidente, la historia de las relaciones humanas como eje central: una mujer que desea la independencia y hacer lo mismo que el hombre —también la plomería—, aunada a la frustración conformista de andar con alguien que no ama y que considera poca cosa, lo que hace patente que no tolera su realidad ni los cambios que ejerce; asimismo, vemos en otra vertiente que la realidad se impone al pensamiento y a los deseos, donde al final queda la tribulación y el vacío.

En su último relato, un hombre no puede —ni quiere—, escapar de su destino inefable —”costumbre le llama—, y asesina a su mejor amigo porque se acuesta con su mujer; planea el crimen perfecto con apariencia de suicidio. La historia deja abierta la idea de que lo que cuenta al otro en la cantina sólo es una fantasía por lo que no sabemos si es real o no. Cuentos breves es un libro escueto que hay que leer como gozo literario para que nos enfrentemos a otras aristas de la realidad.

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