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Gilberto Ibarra Rivera: la historia de la Historia de La Paz

19-Feb-2019

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

FOTOS: Modesto Peralta Delgado

Colaboración Especial*

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En uno de esos duros días invernales que hubo el año pasado, me tomé un café con el maestro Gilberto Ibarra Rivera, uno de los hombres más eruditos en Historia de Baja California Sur, a quien el Congreso del Estado le otorgó la Medalla al Mérito “Profr. Nestor Agúndez Martínez” en 2011; y en 1994, la SEP —a través de CONARTE—, le dio una medalla designada por una comisión de la UNESCO por su trayectoria en la historia de la educación y el normalismo. El 2018 salió publicado su Diccionario Sudcaliforniano, que aspira a convertirse en uno de los mayores referentes enciclopédicos del Estado, y que le llevó unos 15 años elaborarlo.

Llegamos puntuales a una cafetería ubicada por el Jardín Velasco. Él iba vestido muy sencillo, con una camisola morada y un pantalón de vestir. Al explicarle por teléfono el motivo de la entrevista, fue muy formal, pero ya en persona, es alguien que realmente disfruta contar la historia social, política y cultural de la media península; además, mucho lo leyó, pero mucho, también, lo vivió: platicar con él es platicar con un almanaque choyero viviente. No acude a ningún dispositivo ni agenda para dar puntualmente fechas, nombres y lugares. El 4 de febrero pasado cumplió 75 años, y asombra su lucidez y su memoria prodigiosa.

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Nació aquí, en la ciudad de La Paz, en 1944, y todavía recuerda que su Jardín de Niños fue el “Cristóbal Colón”, y su escuela primaria, la “Venustiano Carranza”. Al salir de sexto grado tuvo que trabajar mientras estudiaba la secundaria nocturna, y su primer empleo fue barriendo el hangar del capitán Antonio Colunga, y luego en el taller del piloto Juan Romero Ortega. A los 15 años terminó la secundaria y se incorporó a la Escuela Normal “Domingo Carballo Félix”. “Yo pertenezco a la decimoséptima generación, 1959-1962”. Claro, eran otros tiempos: “afortunadamente, cuando yo salí de la Normal se había conseguido que a los egresados se les diera plaza federal en BCS, Sonora, Sinaloa, BC, pero también a los estados donde la persona lo solicitara. Yo me quedé aquí en Baja California Sur, porque obtuve un quinto lugar generacional, y dejaban a los 10 primeros lugares en el que fuera el Valle de Santo Domingo”.

Combinando su labor docente —esto en el municipio de Comondú—, a principios de los años 60’s, empezó a escribir sus primeros ensayos, crónicas y poemas. “Fui de los primeros docentes que ganó un año sabático, la beca al desempeño académico, y a los 32 años de servicio me jubilé y desde entonces me he dedicado a desarrollar la escritura, sobre todo como una forma de entretenimiento y terapia ocupacional. La investigación ha sido un aspecto formativo muy importante. Mi intención era dejarle algo a la juventud, a los que estudian”. Todo empezó con una biografía de Domingo Carballo Félix, porque cuando entró a la escuela “ni los alumnos sabían algo acerca del personaje que corresponde con el nombre de la Normal”. Investigó en los archivos de la escuela, en la SEP, y la biografía se publicó en 1980, y ya lleva 3 ó 4 reediciones, contó él mismo. El mismo año, con el apoyo del maestro Armando Trasviña, le fue publicado su primer poemario. Con esto, apenas le empezaba a agarrar sabor a lo que ha sido su pasión: la Historia de Baja California Sur. Si bien, no estudió una licenciatura en Historia, señaló que la Escuela Normal Superior lo formó en metodología e investigación, “herramientas para conocer las historias de los pueblos, de la tierra donde uno nació, lo que ha sido básico para mí (…) Fue en las reuniones de los maestros de Secundaria, alrededor de los años 70´s, cuando surgió esa inquietud; me preguntaban qué quería hacer en el futuro, yo respondía que deseaba hacer algo con mi propia especialización en Historia y Literatura. Y me puse esos objetivos, Yo tengo que escribir algo de historia, algo de literatura, algo de lingüística”.

En 1989, publicó El habla popular en Baja California Sur y Vocablos indígenas de Baja California Sur. Originalmente, ambos eran un solo volumen titulado Perfil sociolingüístico de Baja California Sur, pero cuando se iba a publicar, le dijeron que era demasiado grueso y que iba a ser costoso, por lo que se publicó como dos obras distintas; por el segundo obtuvo el Premio de Investigación Estatal en 1991. De ahí le siguieron, Historia de la educación en Baja California Sur, desde su origen hasta el siglo XIX; La historia de Baja California Sur en el siglo XX; Escritos y escritores de temas sudcalifornianos; entre otros. Han sido, en total, diez libros —tres más en coautoría, como Historia general de la Universidad.

“El último libro, Diccionario Sudcaliforniano, lo empecé en el año 2000 y lo terminé en el 2014, Sandino Gámez —en aquel entonces estaba al frente de Fomento Editorial—, era quien me estaba apurando para que lo entregara y publicarlo rápido; sin embargo, se tardó 3 años en publicarse debido a cuestiones de presupuesto, de formato, y se comenzó a vender ahora en el 2018.  El libro requirió una gran inversión de tiempo. Cuenta con 990 páginas “y se pueden encontrar datos desde la época antes de Hernán Cortés, los indígenas, la época colonial hasta la época actual”.

Como un experto de las diversas etapas históricas del Estado, le pregunté ¿cuál sería la época más gloriosa de BCS y La Paz? Y respondió “creo que la época de los 60´s y 70´s fueron décadas de gran desarrollo para la comunidad, sobre todo por la influencia de El Valle; porque por aquí salían los cargamentos de algodón y se miraba mucho movimiento; la llegada de los Ferris brindó también un importante desarrollo, la población se incrementó; posiblemente las condiciones económicas en las familias eran las mismas, pero en la ciudad sí era notable dicho desarrollo; ésta creció, se expandió, superada sólo por Los Cabos. Cuando se reabrió Puerto San Carlos se notó la caída de La Paz, cuando ya no era la salida de los productos del Valle de Santo Domingo. La caída del peso también tuvo que ver. Ha habido altas y bajas. En cambio, Los Cabos, ha ido siempre hacia adelante”

Sobre los acontecimientos clave que marcaron a esta capital sudcaliforniana, explicó que para él fue “la caída de los municipios libres, en el año de 1925-1927, que llegó a traer una especie de decadencia. Esa época es muy importante porque la gente pedía rescatar la democracia que se tenía, había desaparecido el aspecto democrático. Chucho Castro y Pablo L. Martínez decían “Vamos rescatando lo que teníamos, dando importancia a la gente que ya vivió y que nos dejó algo”. Hablar sobre el regionalismo, es lo que debemos rescatar, el regionalismo político y el regionalismo cultural. En el primero se pedía que se rescatara la cuestión democrática, que se eligieran a las personas que nos iban a representar en las Delegaciones del gobierno, porque ya habían desaparecido los municipios, y lo mínimo que se podía hacer era que esas personas fueran nombradas por la gente misma, que no se designaran. En la cuestión cultural, el rescate del regionalismo se dio a través de la historia, a través de la literatura, por ejemplo, Pablo L. Martínez creo la revista Sudcalifornia, en donde decía “Hay que hablar sobre nuestra entidad”. Aquí empieza a surgir la necesidad de conocer nuestra identidad. Con el paso de los años, se había creado un frente regional para luchar por un desarrollo industrial en el Estado, por un gobernante nativo, y el frente regional, por el sindicalismo que había crecido mucho, se convirtió en un partido, eso no le gustó a algunos participantes y se separaron para crear el Frente de Unificación Sudcaliforniana, en junio de 1945 —el famoso FUS. Es ese momento el que precisamente a mí más me interesa, de los años de 1925 a 1950, ya que son muy importantes para Baja California Sur, son años que te dejan ver aspectos de la identidad sudcaliforniana; también en una época anterior, la época de la Reforma, la cual encausó esa identidad”.

Quienes hemos leído, o al menos hojeado, alguno de los libros de Gilberto Ibarra Rivera, podemos constatar un oficio de investigación y un esmero en el cuidado de la escritura. Algunos de ellos, no son narraciones, son estampas y conceptos de nuestra tierra sudcaliforniana, pero dichos con una precisión que se convierten en referentes bibliográficos de alta calidad. Cuando se le ve al maestro, pausado pero preciso en su decir, se entiende que sin crear ficciones, también es un artesano de las palabras. Las “emperilja” como dijera el poeta Pablo Neruda.

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*Esta es una serie de cinco entrevistas realizadas para el Centro de Artes, Tradiciones y Culturas Populares de Baja California Sur, institución que posee el derecho de autor de estas publicaciones.

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