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Cuéntame una historia, Papá Conejo

20-Jun-2018

CARTA LITERARIA Por Ana Paola Suárez Uribe

FOTO: Cortesía.

Especial Día del Padre

Mención Honorífica en el concurso “Carta al Padre”

Por Ana Paola Suárez Uribe

 

Para Juan Antonio, quien me enseño a escribir, soñar, vivir y no sólo a sobrevivir.

 

Papá:

Este año no podré ir a casa para el Día del Padre. Vivir en este paraíso tiene sus desventajas, como el calor del verano y no poder estar contigo el día de hoy. Sin embargo, te quiero contar lo que me pasó hace un par de días y aunque parezca puro cuento, tú y yo sabemos que no lo es. El día 13 de junio (¡día de tu santo!) se me aparecieron dos conocidos tuyos y me pidieron entregarte esta carta justo el Día del Padre. Yo les dije que era más sencillo que ellos te la hicieran llegar porque yo no estaré en casa este año para felicitarte. Sin embargo, ellos insistieron y pues, aquí te va la carta, la historia y la foto.

Comienzo por la historia. ¿Te acuerdas de Dientitos y Don Orejón, los conejitos que aparecían entre tus dedos cuando éramos niñas para contarnos historias antes de dormir? Bueno, pues se me aparecieron justo cuando estaba por tomar el camión para ir a trabajar. Cualquier otra persona cabal y con la misma prisa que yo, los hubiera ignorado, pero como me parezco a ti –o eso dice la gente– decidí seguirlos. Aunque son casi de mi edad, iban tan rápido que casi no podía mantener el paso entre los callejones de la memoria. Pero utilizando los atajos de la nostalgia, logré dar con ellos frente a una imagen tuya escondida en el vaivén de una ciudad aún desconocida para mí. Fue entonces que me encomendaron la misión de hacerte llegar esta carta.

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Por favor no vayas a creer que estoy loca, y si es así, recuerda que lo saqué de ti.

Ahora sí, te dejo su carta.

Con cariño, Pao

 

Querido Papá Conejo:

Disculpa que aparezcamos hasta ahora, han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos; las niñas ya crecieron y ahora se cuentan ellas solas sus propios cuentos para poder dormir. Pero no le hace, igual que tú, no somos sentidos y llegamos a las fiestas sin ser invitados, por eso hemos querido aparecer el día de hoy, en tu festejo del Día del Padre.

Desde hace varios días que estamos siguiendo a Paola. Siempre está de prisa y distraída, ya ves como es. Aún así, mantiene la misma mirada soñadora que tú, por eso decidimos embaucarla en esta misión y pedirle que te pasara este mensaje. Hoy no vamos a contar historias. Hemos aparecido simplemente para decirte que lo estás haciendo bien, Papá Conejo.

Quizá a estas alturas del partido ya esperabas nietos para contarles la historia de la hormiga Fufurufu que echa la flojera todo el día y sólo trabaja cuando la miran de cerca o la de Chunina, ‘animal del demonio, animal del mal’, quien quedó así por desobedecer a sus padres, buena táctica para convencer a los niños de hacerte caso. Sin embargo, no tienes que esperar a que lleguen más niños para contar tus fábulas: tus hijas aún necesitan escuchar tus historias.

Cuéntales, Papá Conejo, de tus sueños de la infancia, de tus viajes y aventuras de juventud; sobre tu abuelo y la vida en familia –¿no decías tú que tu abuela se unió a una banda de robo de autopartes al quedar viuda? Cuéntales sobre tu primer amor y del día en que supiste que querías casarte con su mamá. La historia del día que nacieron, esa sí ya la tienes muy choteada, pero pues ¡cuéntaselas otra vez!

Cuéntales también las otras historias, las de miedo y desilusión. Háblales de la vez que casi te obligan a renunciar de un trabajo por no encajar, del dolor de la pérdida del ser querido y de poner pausa a los sueños para ayudar a otros a volar. Tus hijas tienen que entender que, como decía el poeta, en esta vida todo pasa y todo queda y que nada es tan malo que no puedan contárselo a su papá.

Por eso, ahora que la edad te ha hecho sabio y que has cambiado la fantasía por filosofía, tienes muchas enseñanzas que seguir compartiendo con las niñas. En un mundo que vive de prisa y da todo por sentado, háblales sobre el tiempo en sus dos variantes –kronos y kairos-, para que valoren los días junto a ti y puedan siempre detener el paso y sentirte cerca, no importa si es a través de una pared en la que aparecen juntos y viajando hacia la luna en medio de la ciudad.

¡Hasta la próxima, Papá Conejo!